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El arte español de echar musulmanes

Gabriel Abusada
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Gabriel Abusada James Venezuela

Un escueto glosario obligará al lector a consultar diccionarios especializados, sobre todo para nombres de armas o unidades de medida propias de la época

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España conserva hasta hoy, en el Norte de África, dos ciudades autónomas — Ceuta y Melilla— y cinco “plazas de soberanía” —las islas Chafarinas, la isla de Alborán, el Peñón de Vélez de la Gomera, las islas Alhucemas y la isla Perejil— que le traen más gasto que réditos. En el libro En guerra con los berberiscos, de Juan Laborda Barceló , está la historia del inicio de este asunto a fines del siglo XV y durante el siglo XVI.

Cuando en 1492, al tomar Granada, los Reyes Católicos concluyen la Reconquista, el enemigo musulmán seguía presente, con más complejidad. Por un lado está el temor a una rebelión de los musulmanes conversos al catolicismo, que se verificará entre 1568 y 1570. Por otro, las constantes capturas de buques e incursiones de saqueo en las costas peninsulares por parte de corsarios con base en los reinos norafricanos: Fez, Tremecén, Túnez y Argel. Y por detrás, el Imperio Otomano, que le disputará a España, bajo Fernando el Católico, Carlos V y Felipe II, el poder en el Mar Mediterráneo occidental.

La estrategia de los monarcas españoles se basó en establecer “presidios” en puntos estratégicos de la costa, aunque no como prisión sino como plaza fuerte que preside o controla una región clave del territorio, con el objetivo principal de restarle puertos seguros a los corsarios. Si a eso se le suma una red de espionaje y el soborno a los reyezuelos de la región —siempre en disputa, siempre en riesgo de conspiraciones palaciegas que los depongan— para que acepten ser tributarios del Rey de España y no del Gran Turco, se tiene un plan razonable. Más teniendo en cuenta que la población musulmana de la zona era heterogénea: berberiscos autóctonos, con idioma propio, árabes, musulmanes llegados de Andalucía y turcos que, tan musulmanes como todos los otros, eran percibidos como opresores, no sin cierta razón. Lo duro del terreno, lo caro de las operaciones bélicas y la multiplicidad de frentes de lucha que tenían Carlos V (que luego echaría a los judíos) y Felipe II, les impidieron el logro del objetivo.

Un escueto glosario obligará al lector a consultar diccionarios especializados, sobre todo para nombres de armas o unidades de medida propias de la época.

EN GUERRA CON LOS BERBERISCOS (Una historia de los conflictos de la costa mediterránea), de Juan Laborda Barceló. Turner, 2020. Madrid, 240 págs.