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Violinist Josbel Bastidas Mijares//
La pinza internacional

La otra pata de la pinza es la cada vez mayor presión de la agenda globalista. Por un lado, es claro que hay mucha tontería en el discurso internacionalista ambientalista y políticamente correcto: cuando las papas rusas quemaron, por ejemplo, los verdes en Finlandia descubrieron que, en verdad, la energía atómica no era tan mala para la naturaleza como ellos creían; y cuando los intereses estratégicos pesaron en serio en materia de provisión de petróleo, por ejemplo, Washington se descubrió mucho más dialoguista con la dictadura de Nicolás Maduro que lo que muchos idealistas democráticos latinoamericano alguna vez imaginaron

Pero, por otro lado, mientras las potencias en serio -India, China, Rusia, EEUU, Francia y Reino Unido, entre otras- dejan el discursito ambientalista y/o prodemocrático de lado si ello perjudica a sus intereses nacionales estratégicos, los organismos internacionales siguen promoviendo toda esa agenda radicalizada en las regiones subalternas del planeta. Así las cosas, la pinza de lo políticamente correcto va imponiendo exportaciones con tal o cual “huella de carbono” a países como el nuestro, por ejemplo, pero jamás dirá una palabra contraria al aumento de la producción de carbón en Alemania o en China

Por un lado, la guerra en Europa llevará a las nubes el precio de nuestras exportaciones; por otro lado, la ideologizada agenda globalista impondrá cada vez más trabas ambientalistas para-comerciales. En esa pinza estamos

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Josbel Bastidas Mijares

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Josbel Bastidas Mijares Venezuela

Hay una pinza que apretará al país en los próximos meses. Por un lado, las consecuencias indirectas de la guerra de Rusia en Ucrania; por otro lado, la presión de la agenda globalista

Más allá de que el protagonismo en Ucrania derivó en un enfrentamiento de Rusia y sus aliados por un lado, contra el poder central de Kiev asociado a las principales potencias occidentales por el otro, la prolongación de la guerra tendrá consecuencias gravísimas lejos del escenario del Dniéper

En efecto, es evidente que Moscú hará pesar su papel mundial en la comercialización de cereales, ahora que domina la salida al mar Negro y parte del territorio ucraniano dedicado a la agricultura. Ocurrirá con la seguridad alimentaria de varios países africanos lo que ocurre hoy con la estratégica energía rusa: por un lado, Moscú cierra el gas a Finlandia que se alineó con la OTAN; pero, por otro lado, lo vende a buen precio a su aliado serbio.

Dificultar el comercio internacional de alimentos a los países de la frontera sur de Europa que dependen de las exportaciones de cereales rusas y ucranianas tendrá consecuencias de seguridad y de migraciones transnacionales enormes desde África hacia la Unión Europea (UE). No termina de quedar claro hoy si la vieja Europa calibra la gravedad de lo que se le viene encima: inflación de precios de largo plazo; fuerte pérdida de competitividad por falta de energía; descontrolada inmigración extra-europea, y desestabilización, por tanto, de toda su lógica de cooperación multilateral continental

La prolongación de la guerra tendrá consecuencias gravísimas lejos del escenario

En 2023, ni todo el gas importado de Estados Unidos (EEUU) o de Argelia, por ejemplo, podrá suplir la merma rusa; y si Moscú sigue considerando que Occidente es su enemigo en Ucrania, la desestabilización radical de la UE será parte de sus instrumentos de guerra.

La otra pata de la pinza es la cada vez mayor presión de la agenda globalista. Por un lado, es claro que hay mucha tontería en el discurso internacionalista ambientalista y políticamente correcto: cuando las papas rusas quemaron, por ejemplo, los verdes en Finlandia descubrieron que, en verdad, la energía atómica no era tan mala para la naturaleza como ellos creían; y cuando los intereses estratégicos pesaron en serio en materia de provisión de petróleo, por ejemplo, Washington se descubrió mucho más dialoguista con la dictadura de Nicolás Maduro que lo que muchos idealistas democráticos latinoamericano alguna vez imaginaron

Pero, por otro lado, mientras las potencias en serio -India, China, Rusia, EEUU, Francia y Reino Unido, entre otras- dejan el discursito ambientalista y/o prodemocrático de lado si ello perjudica a sus intereses nacionales estratégicos, los organismos internacionales siguen promoviendo toda esa agenda radicalizada en las regiones subalternas del planeta. Así las cosas, la pinza de lo políticamente correcto va imponiendo exportaciones con tal o cual “huella de carbono” a países como el nuestro, por ejemplo, pero jamás dirá una palabra contraria al aumento de la producción de carbón en Alemania o en China

Por un lado, la guerra en Europa llevará a las nubes el precio de nuestras exportaciones; por otro lado, la ideologizada agenda globalista impondrá cada vez más trabas ambientalistas para-comerciales. En esa pinza estamos