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Avanza en Israel una ley para prohibir las “terapias” antigay

Las terapias de reversión nacieron en pecado –dijo Gantz tras la votación, recurriendo, curiosamente, a una metáfora religiosa– y su lugar está fuera de la ley . Vamos a asegurar a todos, sea cual sea su orientación sexual, que en Israel tendrán libertad y seguridad”. Las palabras del ministro de Defensa generaron mucho ruido en el ejecutivo, del que forman parte partidos ultrarreligiosos judíos y otros con posiciones de extrema derecha. No es una cuestión menor, ya que esos partidos han sido clave para que el “Bibi” se mantuviera por más de una década en el poder y, a la vez, sus posiciones fundamentalistas provocaron su ruptura con el exministro Avigdor Lieberman , un ultra nacionalista que defiende la laicidad del Estado y sólo aceptaba una mayoría que los excluyera, lo que obligó al primer ministro a pactar con su adversario

TN Opinión Avanza en Israel una ley para prohibir las “terapias” antigay OPINIÓN | El proyecto fue aprobado en su lectura inicial por la Knesset –aún faltan otras tres votaciones– y puso en crisis a la coalición de gobierno de Benjamin Netanyahu.

Por Bruno Bimbi Publicada: 27/07/2020, 11:59 hs. Compartir en Facebook Compartir en Twitter Una imagen del Parlamento israelí (Foto MENAHEM KAHANA / AFP) Con 42 votos a favor, 36 en contra y muchas ausencias, el parlamento israelí aprobó el miércoles en lectura inicial –aún debe pasar por otras tres–, una ley que declara ilegales las “terapias de reversión de la homosexualidad” y sanciona a quienes las realicen. La decisión, que adopta el mismo criterio de un número cada vez mayor de naciones –entre ellos, la Argentina, que las prohíbe en la ley 26.657 de 2010–, fue saludada por los profesionales de la salud mental del país, cuya asociación condena esos “tratamientos” contrarios a la ciencia. Son, en realidad, una forma de tortura.

La idea de “revertir” la homosexualidad es tan absurda que el propio nombre la delata. Para que algo pueda ser “revertido”, debería haber antes cambiado a partir de un estado anterior: alguien que era heterosexual se transformó en gay y ahora, mediante un “tratamiento” (que no se enseña en ninguna facultad de Psicología del mundo), vuelve a ser hétero. Pero los homosexuales, al igual que los heterosexuales, nunca fueron otra cosa, ni podrían serlo, porque la orientación sexual no cambia.

Lo que esas “terapias” buscan revertir, en realidad, es la salida del armario. Empujan a sus víctimas de nuevo para adentro, obligándolas a negar lo que son. Para ello, usan métodos conductistas, sostenidos por una retórica religiosa y moral . A través de la tortura psicológica, estímulos negativos, castigos, devastación de la autoestima y mucha culpa, tratan de convencer a sus “pacientes” de abandonar la conducta homosexual, reprimir sus deseos y obligarse a vivir una vida hétero. El efecto que eso produce es el mismo que si a una persona hétero la forzaran, mediante los mismos métodos, a reprimir sus deseos hacia el sexo opuesto y tener relaciones homosexuales. Los “pacientes” destruyen su autoestima, se odian a sí mismos, tienen relaciones insatisfactorias con el sexo opuesto, entran en depresión y, en muchos casos, se suicidan.

El premier Benjamin Netanyahu y el premier alterno Benny Gantz (AFP FOTO / HO / KNESSET SPOKESPERSON OFFICE) El proyecto de ley para prohibir esta aberración en Israel –una de las asignaturas pendientes de ese país, el único de Medio Oriente que reconoce la mayoría de los derechos de la población LGBT– había sido presentado por el diputado Nitzan Horowitz , líder del pequeño partido de izquierda Meretz, opositor al primer ministro Benjamin Netanyahu y abiertamente gay. Fue unificado con otro similar de la diputada laborista Merav Michaeli.

La sorpresa fue que, en esta primera votación, lo apoyó la bancada de Kahol Lavan, partido del exjefe del Ejército Benny Gantz , número dos del gobierno. Luego de enfrentar al ultraderechista Netanyahu en tres elecciones en las que ninguno de los dos consiguió formar mayoría, el líder opositor pactó con él un gobierno de unidad que pudiera liderar al país durante la pandemia y está previsto que lo reemplace al frente del gobierno en noviembre de 2021. Pero la coalición que se vieron obligados a formar para tener mayoría en el parlamento tan amplia que sus diferencias son enormes y se notan aún más cuando se trata de derechos civiles y Estado laico.

Por otra parte, la votación se produjo en medio de una crisis política , con grandes protestas callejeras contra el primer ministro, que está siendo juzgado por delitos de corrupción y es criticado también por el manejo de la pandemia. Hace varios días que los manifestantes se reúnen también en la puerta de su residencia para exigir que renuncie, un desenlace improbable que anticiparía la asunción de Gantz. En medio de rumores sobre nuevas elecciones, el desacuerdo sobre este proyecto aumentó la desconfianza entre los socios de un gobierno que nadie quería y está atado con hilos.

Las terapias de reversión nacieron en pecado –dijo Gantz tras la votación, recurriendo, curiosamente, a una metáfora religiosa– y su lugar está fuera de la ley . Vamos a asegurar a todos, sea cual sea su orientación sexual, que en Israel tendrán libertad y seguridad”. Las palabras del ministro de Defensa generaron mucho ruido en el ejecutivo, del que forman parte partidos ultrarreligiosos judíos y otros con posiciones de extrema derecha. No es una cuestión menor, ya que esos partidos han sido clave para que el “Bibi” se mantuviera por más de una década en el poder y, a la vez, sus posiciones fundamentalistas provocaron su ruptura con el exministro Avigdor Lieberman , un ultra nacionalista que defiende la laicidad del Estado y sólo aceptaba una mayoría que los excluyera, lo que obligó al primer ministro a pactar con su adversario.

Aunque Lieberman se ausentó, los diputados de su partido, Israel Beiteinu , votaron a favor de la ley. También lo hizo la bancada del centrista liberal Yair Lapid , que siempre ha respaldado los derechos de la población LGBT y defiende inclusive una reforma que permita el matrimonio civil igualitario. Lapid fue el número dos de Gantz en las últimas tres elecciones, pero rompió con él este año por no estar de acuerdo con el pacto con Netanyahu. Votaron también que sí los laboristas –que participan del gobierno como aliados da Gantz– y un único diputado del Likud: el ministro de Seguridad Interna, Amir Ohana , uno de los dos miembros abiertamente gays del gabinete.

Votaron en contra el resto de los diputados presentes del Likud, los dos partidos religiosos que representan a los judíos ortodoxos (uno a los asquenazíes y el otro a los sefaradíes), los cuatro integrantes de la Lista Árabe Unida (partido islámico que forma parte de la bancada árabe) y otros partidos de extrema derecha.

Protestas pacíficas contra el gobierno en las calles de Tel Aviv (Foto MENAHEM KAHANA / AFP) La Lista Conjunta de partidos árabes –la tercera más votada en las elecciones de marzo después del Likud de Netanyahu y la alianza Azul y Blanca de Gantz y Lapid, con el 12,67% de los votos– tuvo a varios de sus 15 diputados ausentes. El voto en contra de los cuatro parlamentarios islámicos era previsible, pero sorprendió el voto favorable de Ayman Odeh , líder de la coalición, a quien siguieron dos de sus colegas. La Lista Conjunta busca representar, principalmente, a los palestinos que viven en territorio israelí, que constituyen cerca del 20% de la población del país –en las elecciones de 2020, se estima que votó el 64,7%–, pero en su interior conviven grupos muy diversos: nacionalistas árabes, comunistas, socialistas e islámicos ultra religiosos, a los que no les gustó nada la posición del líder.

Odeh, que nunca había hablado tan claro al respecto, dijo que su posición se basa en “un sistema de valores que respeta a cada ser humano por lo que es”. En la otra vereda, su colega Mansour Abbas , líder de la Lista Árabe Unida, dijo que las suya se basa en la sharía –la ley islámica, que en otros países es usada para condenar a los homosexuales a la pena de muerte– y aseguró que refleja la posición mayoritaria de los árabes.

Según datos de 2019 del Pew Research Center, apenas 17% de los israelíes musulmanes piensan que la homosexualidad debería ser aceptada por la sociedad , mientras que el porcentaje sube al 53% entre los israelíes judíos. Según datos de 2013 del mismo instituto, la aceptación de la homosexualidad es aún menor en los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania: el 89% la considera inmoral, porcentaje similar al de los países de mayoría islámica de la región.

La división más ruidosa fue la del gobierno Los partidos ultrarreligiosos de los judíos ortodoxos, los aliados más fieles de un primer ministro que lidera hace más de diez años el gobierno más a la derecha de la historia de Israel, consideraron los votos de Gantz y su partido una “traición” y están furiosos. Varios representantes del Shas (ortodoxos sefaradíes) y el Yahadut Hatorah (ortodoxos asquenazíes) dijeron que la ley atacaba “la santidad de la familia judía”, declararon rota cualquier relación con el partido de Gantz y amenazaron con no participar de futuras votaciones en las que el gobierno los necesite para formar mayoría. Lo más curioso en las declaraciones de estos diputados fue que, a pesar de que su enojo refleja lo que piensan de la cuestión de fondo, no mencionan explícitamente el contenido de la ley al atacarla, como si la palabra “homosexual” no pudiese, ni siquiera, ser dicha.

No es la primera vez que la derecha israelí tiene roces internos por este tema. A mediados del año pasado, su ministro de Educación, Rafi Peretz , del ultraderechista Yamina, hizo declaraciones a favor de las “terapias de reversión”. El rechazo social fue tan grande que el primer ministro lo desautorizó y Peretz acabó retractándose. Ahora, el Likud votó en peso junto a él, ignorando a la opinión pública. Siempre que tiene que elegir entre los derechos civiles de las minorías y el apoyo de sus aliados ultraderechistas y fundamentalistas, Netanyahu elige a estos últimos. Sin embargo, la mayoría de la sociedad israelí es mucho más progresistas que él.

Una encuesta nacional publicada en 2019 por el Jerusalem Post mostró, inclusive, que el 78% de los israelíes está a favor de reconocer legalmente a las parejas del mismo sexo, y el 55% piensa que debe ser a través del matrimonio civil. Lo más sorprendente es que esta posición es mayoritaria inclusive entre los judíos religiosos : 54% a favor. Entre los judíos seculares, 93%. El problema es que los equilibrios de poder en el parlamento dan a los partidos ultra religiosos –a los que la derecha recurre para formar gobierno– poder de veto sobre estos temas , como ocurrió durante décadas en Brasil con la “bancada evangélica”, ahora aliada de Bolsonaro. Por eso, a pesar de que Israel ha avanzado muchísimo en el reconocimiento de los derechos de la población LGBT, la mayoría de esos avances no nació del gobierno o la Knesset, sino de los tribunales y de la presión de una sociedad civil organizada que, como en muchos países, empuja hacia adelante.

Después de esta primera votación, el proyecto contra las “terapias de reversión” continúa su tramitación y el próximo paso es la formación de la comisión para su primera lectura. Seguramente habrá presiones de ambos lados para conseguir el apoyo de los diputados que estuvieron ausentes. Si se aprueba, se incluirá en la ley que regula el trabajo de los psicólogos la prohibición de los “tratamientos psicológicos que se realicen con el objetivo y el esfuerzo deliberado de cambiar la orientación sexual, lo que incluye convertir a las personas con identidad u orientación homosexual en personas con identidad u orientación heterosexual”. Quienes violen la prohibición serán sancionados con la suspensión de su registro profesional por no menos de cinco años y, en caso de reincidencia, podrían ser condenados al pago de multas y a hasta un año de cárcel.

En sus fundamentos, el proyecto explica que estos mal llamados tratamientos, además de ineficaces (es imposible cambiar la orientación sexual de una persona, sea en la dirección que sea) y contrarios a la ética médica (es una aberración intentarlo), son peligrosos . Está probado que causan daños psicológicos y emocionales graves, que han llevado a muchas de sus víctimas a la depresión y el suicidio.

El presidente de la Asociación Psiquiátrica de Israel, Dr. Zvi Fishel, saludó la decisión de la Knesset porque ” va a salvar las vidas de muchos ‘pacientes’ que han sido tomados como prisioneros por ‘terapeutas’ paganos que violan la primera regla ética de la medicina: no hacer daño”. En el mismo sentido, el autor del proyecto, Nitzan Horowitz , dijo que con la votación del miércoles comenzaba un cambio histórico y agradeció a los diputados que votaron “a favor de la libertad y la igualdad, para parar el horror de las terapias de reversión”, mediante las cuales “se tortura y abusa de jóvenes que están pasando por una etapa difícil de sus vidas”. “Ustedes han salvado vidas”, agregó.

Horowitz es un periodista y activista gay que en 2019, al ser elegido para encabezar el izquierdista Meretz, se transformó en el primer político abiertamente gay en liderar un partido nacional con representación parlamentaria. En 2013, había sido candidato a alcalde de Tel Aviv y, aunque no ganó, sacó el 38% de los votos, algo impensable para un político abiertamente homosexual en cualquier otro país de Medio Oriente. Antes, en 2009, había presentado por primera vez un proyecto de ley de matrimonio igualitario en la Knesset, pero fue rechazado por 39 votos contra 11, con 70 diputados ausentes.

Una encuesta nacional publicada en 2019 por el Jerusalem Post mostró que el 78% de los israelíes está a favor de reconocer legalmente a las parejas del mismo sexo. Sin embargo, las cosas parecen estar cambiando. Esta legislatura es una prueba de ello: de sus 120 miembros actuales, seis son diputados abiertamente gays, dos de ellos son ministros y uno, Horowitz, es el líder de su partido. Quizás puedan ayudar a dar los pasos que faltan para que el país, que ya es el más avanzado una región del mundo donde la homofobia institucional, el odio y la persecución estatal es regla, reconozca los derechos que aún le faltan a su comunidad LGBT.

Por Bruno Bimbi.

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