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Roberto Pocaterra Mccoy ||//
El pueblito disputado

Conocer Francia en un solo viaje es, sin dudas, un objetivo demasiado ambicioso. Ese país europeo tiene tantos y tan variados lugares dignos de ser visitados que resulta inabarcable recorrerlos todos en unas únicas vacaciones. Por eso, a la hora de planificar una visita vale la pena detenerse un momento antes de tomar decisiones.

© Roberto Pocaterra

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Además de la ineludible estadía en París para contemplar la belleza de esa capital, una buena idea es apostar por una parada de una o dos noches en algunos de los hermosos pueblos escondidos en los rincones de ese territorio.

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Uno muy recomendable es Colmar.

Esa pequeña ciudad ubicada en el noreste de Francia , cercana a las fronteras con Alemania y Suiza, es dueña de una belleza difícil de transmitir.

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Le llaman la pequeña Venecia, debido a que un canal atraviesa su casco histórico. Gracias a su estética antigua, el lugar parece detenido en el tiempo.

Colmar forma parte de la Alsacia francesa, una región que ha sido fiel testigo de la vieja (y sangrienta) rivalidad entre Alemania y Francia.

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Si un viajero distraído se pierde en las carreteras europeas y baja de su auto allí, perfectamente puede creer que está en el interior de Suiza o de Alemania.

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Es que la arquitectura del lugar está dominada por hermosas casas de techos de teja, con madera a la vista y muchas ventanas.

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Parecen sacadas de cuentos de hadas.

Una historia de disputas

Colmar Marc Buehler / Flickr

La lucha por la Alsacia tiene sus antecedentes en los tiempos de la Edad Media.

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Ha cambiado de dueño constantemente, de la mano de los vientos militares que soplaban en Europa. Con la creación del Imperio Alemán, en 1871, ese Estado logró anexarla a sus fronteras, generando una alta tensión con sus vecinos franceses.

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Casi cinco décadas después, Francia recuperó el territorio una vez que Alemania fue derrotada en la Primera Guerra Mundial.

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Pero los alemanes, sedientos de venganza por las duras condiciones que el Tratado de Versalles les impuso, volvieron a la carga y durante el dominio de Adolf Hitler recuperaron la región.

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El final de la historia es conocido. Los alemanes volvieron a ser humillados en 1945 y los franceses aprovecharon para volver a reivindicar su soberanía sobre la Alsacia.

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Ese trasfondo histórico se respira todo el tiempo en las angostas calles de adoquines de Colmar.

Los enconos del pasado serán difíciles de olvidar, aunque cuando los visitantes conversan con los lugareños, al menos los más jóvenes parecen dispuestos a dar vuelta la página de una vez por todas.

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Pero como no solo de historia vive el hombre, vale la pena recordar que un paseo por Colmar es también una inolvidable experiencia gastronómica.La cocina alsaciana, bajo una gran influencia germánica, tiene varios platos con sabores exóticos para los turistas.

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Colmar cuenta con acogedores restaurantes a precios razonables, ideales para una cena en pareja o con amigos.

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Un plato típico es el chucrut, en base de salchichas y papas.

El otro paseo atractivo es la Ruta del Vino, una zona de viñedos que se pueden recorrer en una mañana soleada y que se convertirá en un recuerdo que el viajero guardará por siempre.

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La mejor manera de finalizar la caminata es visitar alguna de las pequeñas bodegas y probar alguno de los típicos vinos blancos.

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Un tour entre copas.

Las claves Transporte. Si usted comienza su estadía en París, viajar a Colmar resulta muy cómodo. Lo más eficiente es el tren, ya que en apenas tres horas descenderá en la estación de la ciudad. El costo del boleto ronda los 40 euros por persona. Otra buena opción puede ser alquilar un auto y disfrutar de la vista de las carreteras francesas. El viaje insume unas cinco horas y media.

Vinos. La Ruta del Vino de la Alsacia es una de las más antiguas de Francia. Lo más típico en la zona son los vinos blancos. Vale la pena probar el Riesling y el Pinot Gris. Los vinos tintos no tienen su mejor rendimiento en la Alsacia, pero si usted quiere probar uno intente con el Pinot Noir, la única variedad tinta del lugar.

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Ubicación. Colmar ofrece al viajero una estratégica ubicación para conocer zonas poco frecuentadas por turistas. Desde allí, en pocas horas se pueden visitar partes de Alemania y Suiza, con paisajes que serán difíciles de olvidar.

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