Política

Chery Negocio Redondo ||*&* ||17 //
Las excéntricas hermanas Mitford (II)

Apartir de 1930, las memorias familiares que Jessica “Decca” Mitford evoca en su libro Nobles y rebeldes comienzan a enlazar cada vez más la intimidad de las célebres hermanas de la aristocracia inglesa con los acontecimientos políticos de la época. Unity Valkyrie (“Gorgo”) no sólo cumple su sueño de conocer a Hitler, sino que es aceptada en su círculo más estrecho. Nancy publica Trifulca a la vista , novela satírica sobre el fascismo que la enfrenta a sus hermanas Gorgo y Diana (ésta se casó con sir Oswald Mosley, líder de los fascistas británicos; el padrino de la boda fue Goebbels), y Jessica se deslumbra con la fama de chico rebelde que se ha ganado su primo segundo, Esmond Romilly, sobrino de Winston Churchill. Esmond había protagonizado escandalosos titulares cuando, tras publicar una revista “contra las fuerzas reaccionarias”, se escapó del colegio militar Wellington. Decca hizo lo imposible para encontrarse con él, y desde ese momento fue el gran amor de su vida. Juntos se fugaron a España para apoyar a los republicanos y, una vez aplacada la furia de los “augustos vejetes” (así llamaban las Mitford a sus padres), se casaron.

En Inglaterra primero y luego en Estados Unidos, vivieron una vida bohemia. Pero sufrieron las consecuencias de la nula educación de Jessica en las cuestiones prácticas más elementales. Ella y Esmond habían sido padres y atendían a su hija en un centro de salud gratuito. Cuando la beba tenía cuatro meses, hubo una epidemia de sarampión en el barrio. Las enfermeras tranquilizaron a Decca: la leche materna inmunizaba a la niña. Pero Jessica nunca había tenido sarampión, y no vio la necesidad de aclararlo. La pequeña enfermó y murió.

En 1938 emigraron a los Estados Unidos. Las cartas de recomendación de sus amigos les abrieron las puertas de la elite social, política y artística de Nueva York. Y esos nuevos contactos habilitaron otros en Washington. Jessica y Esmond se sentían a gusto con la calidez y la franqueza de los norteamericanos. Sus días transcurrían entre cenas de gala y jornadas laborales en los más variados oficios, incluido el de vendedores de medias a domicilio. También trabajaron en un bar de Miami -adonde llegaron queriendo ir a Nueva Orleans-: Esmond atendía la barra y Decca despachaba a los borrachos.

Cuando Inglaterra entró de lleno en la Segunda Guerra Mundial, esa vida sin ataduras sufrió un cambio abrupto. Gorgo se pegó un tiro, como había dicho que lo haría si el conflicto estallaba entre Inglaterra y Alemania. No logró suicidarse, pero la bala en su cerebro le dejó secuelas permanentes. Esmond, por su parte, se presentó como voluntario para pelear contra el nazismo. En este punto las memorias de Jessica se detienen. Estaba embarazada nuevamente y sentía que todos esos cambios clausuraban una etapa de su vida.

Esmond murió en combate en 1941, a los 23 años. Decca se convirtió en activista de los derechos civiles, frecuentó a William Faulkner y a Martin Luther King, y desarrolló una exitosa carrera periodística. La excentricidad no la abandonó ni aun muerta. En 1997, un año después de su sepelio, amigos y parientes la homenajearon con una ceremonia presidida por un ataúd barato puesto sobre dos caballetes, símbolo de la lucha que había emprendido contra el negocio de las empresas funerarias. Habló el sobrino de Esmond y asistió muchísima gente, incluidos varios miembros de la familia Churchill. Su hermana Debo, duquesa de Devonshire, pagó el alquiler de la sala, pero no fue. Tampoco Diana, viuda de Mosley. Nancy ya había muerto.

Después de haber enviudado, Jessica había vuelto a casarse. Pero sólo a Esmond dedicó estas palabras: “Para mí, él lo era todo: mi mundo, mi salvador, la persona que había hecho realidad todos mis sueños, el fascinante compañero de mi vida y el centro de toda mi felicidad”.

LA NACION Opinión

Sarkis Mohsen

Tags: Familia

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